sábado, 29 de marzo de 2008

Nueva entrega de la saga "Anecdotario de seres desmontables" de Dafne Mociulsky + creaciones de Dina Stasta






Contactos de Dina Stasta: dstasta@hotmail.com
Envíenme dibujos, fotografías, imágenes, delirios visuales a duniashka@yahoo.com.ar
A contionuación, otro cuentito de la saga "Anecdotario de seres desmontables"
EL COLADO

Si hay mucha gente junta se perciben las variedades emocionales. Gente llenando vagones de tren, sudores, sonidos, saludos. Si hay rubios, morochos, gordos, flacos y lisiados, tiene que haber, por añadidura, tristes, alegres, meditabundos, exaltados, borrachos, medicados y mediocres. Si alguien viene de pasar una tarde maravillosa, tiene que haber otro que anduvo de paseo por el infierno y se trajo una bolsa de dolor. Si alguien viene de hacer el amor, tiene que haber otro que viene de no haber podido hacerlo. Hay uno que está nervioso, morocho, de pelo lacio y largo, delgado y vestido con ropas muy amplias, sentado al lado de una señora tensa, rellenita, colorada, poco sonriente, desconfiada, con vestido verde y una mano apretando la cartera amarilla. El nervioso morocho oye la palabra detonante “Pasajes…”. El nervioso morocho mira hacia la ventanilla, hacia la señora, hacia el guarda que aún no está tan cerca – Hoy no es mi día de suerte, señora, no tengo boleto ¿le puedo pedir un favor? − la señora lo examina con una mirada muda – Mire, estamos llegando a la estación, yo voy a ir tirando mis partes por la ventanilla… ¿podría ser usted tan amable de alcanzarme la cabeza cuando esté abajo?− la señora seguía impasible, aunque mirándolo con los ojos un poco más abiertos. El guarda estaba a tres personas de distancia y el nervioso morocho comenzó por su brazo izquierdo; la abertura de la ventana era pequeña, en el caso de que la señora se decidiera a ayudarlo, debería recurrir a la otra ventana que estaba más abierta y la cabeza pasaría −Por favor, señora− y con una rapidez increíble el joven se deshizo del torso y las piernas −Por favor, señora, déle− y el muchacho ya estaba armado abajo, esperando la cabeza con los brazos extendidos; la señora tomó la cabeza entre sus manos, el guarda estaba a una persona de distancia, la gente la miraba y nadie decía nada.
Dafne Mociulsky

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